La tradición nos testimonia que en el año 1625 se alzó una Cruz de alabastro en el Barrio de San Lázaro y que fue celebrada con danzas.
A principios del siglo XX en los barrios del Albaicín y del Realejo los niños construían pequeños altares con una Cruz, siendo decorados con mantones de manila, cacharros de cerámica, peroles de cobre y un pero con una tijera clavada. Por sus alrededores, los niños pedían el "chavico", palabra que procede del diminutivo local de ochavo.




